Cantata Criolla – Antonio Estévez | Dir: Eduardo Mata

VÍDEO Y LETRA


SELLO:
DORIAN DISCOVERY. Grabado en Febrero y Junio de 1990 en la sala «José Félix Ribas» del Teatro Teresa Carreño de Caracas

ÁLBUM:
La Cantata Criolla – Antonio Estévez
Chôros No. 10 – Heitor Villalobos

INTÉRPRETES:
Orquesta: Orquesta Sinfónica Simón Bolívar
Coros: Schola Cantorum de Caracas, Orfeón Universitario Simón Bolívar
Solistas: Idwer Álvarez (tenor), William Alvarado (barítono)

DIRECTOR:
Eduardo Mata

DIRECTOR GENERAL DEL CORO: 
Alberto Grau

DIRECTOR COORDINADOR DEL CORO:
María Guinand

LA CANTATA CRIOLLA – «Florentino, el que cantó con el Diablo»

El llano es el paisaje que más distinción ha alcanzado dentro de la cultura venezolana. Ha adquirido niveles notables en la novelística, como es el caso del elaborado carácter que crea Rómulo Gallegos con «Cantaclaro»; en la plástica, con el lirismo vegetal del pintor Hernández Guerra; y en poesía, con el poema de «Florentino y el Diablo» de Alberto Arvelo Torrealba, sobre el que se basa esta obra de Estévez.

La obra, estrenada en Julio de 1954 en Caracas bajo la dirección del propio compositor, nos propone realizar todo un recorrido con la sensibilidad despierta; de la calma a la tempestad, de lo natural a lo sobrenatural, de lo humano a lo divino, del bien al mal, de lo épico a lo dramático, de la interioridad al paisaje… En fin, un viaje lleno de matices diferentes, sin perder su propósito o coherencia.

Solistas, coro y orquesta son personajes que pueblan y colorean el canto misterioso del llanero, son voces que nos hablan de una oralidad que no se rinde, que trasciende como la vigorosa humildad del pajonal en las sabanas: amarillas en verano, pero en invierno, vuelve a reverdecer – Santos López, periodista

EL POEMA

EL RETO

El coplero Florentino
por el ancho terraplén
caminos del Desamparo
desanda a golpe de seis.

El coplero Florentino…

Puntero en la soledad
que enlutan llamas de ayer,
macolla de tierra errante
le nace bajo el corcel.

Ojo ciego el lagunazo
sin garza, junco ni grey,
dura cuenca enterronada
donde el casco de traspié.

Los escuálidos espinos
desnudan su amarillez,
las chicharras atolondran
el cenizo anochecer.

Parece que para el mundo
la palma sin un vaivén.

El coplero solitario
vive su grave altivez
de ir caminando el erial
como quien pisa vergel.

En el caño de Las Animas
se para muerto de sed
y en las patas del castaño
ve lo claro del jagüey.

El cacho de beber tira,
en agua lo oye caer;
cuando lo va levantando
se le salpican los pies
pero del cuerno vacío
ni gota pudo beber.

Vuelve a tirarlo y salpica
el agua clara otra vez,
mas sólo arena sus ojos
en el turbio fondo ven.

Soplo de quema el suspiro,
paso llano el palafrén,
mirada y rumbo el coplero
pone para su caney,
cuando con trote sombrío
oye un jinete tras él.

Negra se le ve la manta,
negro el caballo también;
bajo el negro pelo-e-guama
la cara no se le ve.

Pasa cantando una copla
sin la mirada volver:

Amigo, por si se atreve,
Aguárdeme en Santa Inés,
Que yo lo voy a buscar
Para cantar con Usted.

Mala sombra del espanto
Cruza por el terraplén.
Vaqueros de lejanía
la acompañan en tropel;
la encobijan y la borran
pajas del anochecer.

Florentino taciturno
coge el banco de través.

Puntero en la soledad
que enlutan llamas de ayer
parece que va soñando
con la sabana en la sien.

En un verso largo y hondo
se le estira el tono fiel:

Sabana, sabana,
tierra que hace sudar y querer,
parada con tanto rumbo
con agua y muerta de sed,
una con mi alma en lo sola,
una con Dios en la fe;
sobre tu pecho desnudo
yo me paro a responder:

sepa el cantador sombrío
que yo cumplo con mi ley
y como canté con todos
tengo que cantar con él.

LA PORFÍA – El Duelo

Noche de fiero chubasco
por la enlutada llanura,
y de encendidas chipolas
que el rancho de peón alumbra.

Adentro suena el capacho,
afuera bate la lluvia;
vena en corazón de cedro
el bordón mana ternura;

no lejos asoma el río
pecho de sabana sucia;
más allá coros errantes,
ventarrón de negra furia;

y mientras teje el joropo
bandoleras amarguras
el rayo a la palma sola
le tira señeras puntas.

Súbito un hombre en la puerta:
indio de grave postura,
ojos negros, pelo negro,
frente de cálida arruga.

Pelo de guama luciente
que con el candil relumbra.

Un golpe de viento guapo
le pone a volar la blusa,
y se le ve jeme y medio
de puñal en la cintura.

Entra callado y se pone
para el lado de la música.
“Oiga vale, ese es el Diablo”,
la voz por la sala cruza.

Mírelo como llegó,
con tanto barrial y lluvia,
planchada y seca la ropa
sin cobija ni montura.

Dicen que pasó temprano
como quien viene de Nutrias,
con un oscuro sombrero
por el paso Las Brujas.

Florentino está silbando
sones de añeja bravura
y su diestra echa a volar
ansias que pisa la zurda

cuando el indio pico de oro
con su canto lo saluda:

DIABLO
Catire quita pesares
contéstame esta pregunta:
¿quién es el que bebe arena
en la noche más oscura?

FLORENTINO
En la noche más oscura
lo malo no es el lanzazo
sino quien no lo retruca.
Tiene que beber arena
el que no bebe agua nunca.

DIABLO
El que no bebe agua nunca.
Así cualquiera responde
barajando la pregunta.
Quién mata la sed sin agua
en jagüey de arena pura!

FLORENTINO
En jagüey de arena pura,
el médano solitario,
el ánima que lo cruza,
la noche que lo encobija,
el lucero que lo alumbra.
¡Qué culpa tengo señores
si me encuentra el que me busca!

DIABLO
Ya que tienes tantas artes
déjeme que se las vea.
Falta un cuarto pa’ la una
cuando el candil parpadea,
cuando el espanto sin rumbo
con su dolor sabanea,
cuando Florentino calla
y así perdió la pelea,
cuando canta la pavita,
cuando el gallo menudea

FLORENTINO
Cuando el gallo menudea
La garganta se me afina
y se me aclara la idea.
Yo soy como el espinito
que en la sabana florea:
le doy aroma al que pasa
y espino al que me menea.

DIABLO
Espino al que me menea:
¡Ah caramba! yo en quedarme
y usted Catire me arrea.
Mire que estoy remolón
Con esta noche tan fea.
Vaya poniéndose alante
pa’que en lo oscuro me vea.

FLORENTINO
Pa’que en lo oscuro me vea.
Amigo no arrime tanto
que el bicho se le chacea.
Atrás y alante es lo mismo
pa’el que no carga manea:
el que va atrás ve p’alante
y el que va alante voltea.

DIABLO
El que va alante voltea.
Catire, usté canta mucho
pero quítese esa idea
de que me puede enseñar
cómo se canta un corrío.
Los perros están aullando
escúcheles los aullíos,
los gallos están cantando,
recuerde lo convenío.

«Zamuros de La Barrosa,
del Alcornocal del Frío
albricias pido señores
que ya Florentino es mío.»

FLORENTINO
Que ya Florentino es mío.
Si usté dice que soy suyo
será que me le he vendío,
si me le vendí me paga
porque yo a nadie le fío.
Yo no soy pájaro bobo
pa’estar calentando nío.

DIABLO
Pa’estar calentando nío.
No sé si es pájaro bobo
pero va por un tendío.
Con el adiós de los gallos
yo cargo con los rendíos
en el anca e’mi caballo
que sabe un trote sombrío.
Y vuelvo a cambiarle el pie
a ver si topa atajo.

FLORENTINO
A ver si topa atajo.
Cuando se fajan me gusta
porque yo también me fajo.

Zamuros de la barrosa,
del Alcornocal de Abajo:
ahora verán señores,
al Diablo pasar trabajo.

Déjenlo que barajuste
que yo en mi rucio lo atajo,
déjenlo que pare suertes,
yo sabré si le barajo,

alante el caballo fino,
atrás el burro marrajo.
Antes que toque la una
se lo lleva quien lo trajo.

¡Quién ha visto doro-doro
cantando con arrendajo!
Si me cambió el consonante
yo se lo puedo cambiar.

DIABLO
Yo se lo puedo cambiar.
Los graves y los agudos
a mí lo mismo me dan.

jAy! catire Florentino
arrendajo y turupial,
qué largo y solo el camino
que nunca desandará.

con esta noche tan negra
chaparral y chaparral.
No le valió su baquía,
ni lo salvó su cantar.
Catire quita pesares,
arrendajo y turupial.

FLORENTINO
Arrendajo y turupial.
Zamuros de la Barrosa
salgan del Alcornocal
pa’que miren a Mandinga
el brinco que va a pegar:

Sácame de aquí con Dios
Virgen de la Soledá,
Virgen del Carmen bendita,
piadosa Virgen del Real,
tierna Virgen del Socorro,
dulce Virgen de la Paz.

Virgen de la Coromoto,
Virgen de Chiquinquirá,
piadosa Virgen del Valle,
Niño de Atocha bendito,
Santísima Trinidá,
Virgen del Carmen bendita,
Santísima Trinidá.